La discriminación, de cualquier tipo y en todas sus formas, siempre me pareció inaceptable, intolerable, injustificada, infundada. Siempre trato de tomar la posición druídica de la neutralidad y el balance, pero en un país como el que vivimos dónde se cuentan los méritos propios exhibiendo los errores del contrario, dónde para sumar en realidad hay que mostrar cómo restó el otro, hay veces que mis ideales de igualdad flaquean:
Yo siempre leí Billiken, y los que compraban Anteojito no tenían idea de la vida.
Ya está, lo dije.
viernes, julio 16, 2004
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